Category: Ortecho
Posted: junio 7, 2011 at 10:47 pm | Tags: La Logia, Ortecho, Zombies
El 7 de junio de todos los años, el Perú conmemora el Día de La Bandera en recuerdo del sacrificio peruano en la Batalla de Arica. Aunque casi todos conocen por lo que les enseñaron en el colegio que ese fue un sangriento encuentro entre las fuerzas de Chile y Perú, no muchos saben que los muertos vivientes estuvieron a punto de devorar a ambos ejércitos. La Iniciativa Valhalla rememora esos fatídicos acontecimientos:
Advertidos del inminente retorno del Uro Tisho y sus hordas de muertos vivientes, los miembros de La Logia – entre ellos Grau, Cáceres, Bolognesi y Prado – hicieron un pacto de sangre para detener el avance zombie en puntos estratégicos del territorio nacional. El heróico plan incluía sacrificar sus propias vidas para conjurar a la terrible entidad. Al Coronel Bolognesi le tocó en suerte la resistencia de Arica. Su amplia experiencia en el manejo de crisis zombie bajo el tutelaje del Marqués de Montalmira lo hacía el candidato ideal para defender ese puesto de frontera.

Coronel Francisco Bolognesi, discípulo del Marqués de Montalmira, distinguido combatiente de la plaga zombie.
Arica, aún provincia sureña de Perú por esos meses de 1880, presentaba brotes esporádicos de zombismo, aprovechados por el enemigo chileno para sembrar confusión entre las tropas peruanas. Poco sabían los chilenos que lo que ellos consideraban la oportunidad de la victoria se volvería contra ellos.
Los primeros indicios se dieron a finales de mayo de 1880, cuando chilenos infectados con el virus zombie llegaron al río Lluta. Bolognesi ordenó colocar minas en las cercanías para destruirlos, aunque sin confesarle aún ni a la soldadesca ni a gran parte de sus oficiales a qué se estaban enfrentando. Las imágenes de cuerpos reanimados atacando fue demasiado para el coronel Agustín Belaunde, quien desertó enloquecido ante la situación. Durante los primeros días de junio, el ejército chileno había ya ocupado lugares estratégicos sitiando Arica. Su plan era rodear a la ciudad y atacarla con zombies capturados o convertidos en la zona. El general chileno Manuel Baquedano, consciente sin embargo de que no tenía el conocimiento ni la experiencia suficiente como para controlar muertos vivientes por mucho tiempo, envía a un emisario a pedir la rendición de Bolognesi, esperando que el veterano militar se rindiera en lugar de arriesgarse a infectar una ciudad entera.
Por eso grande fue su sorpresa cuando Bolognesi replicó con sus inmortales palabras al ser amenazado con el avance zombie:
“Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”, dijo al referirse a su intención de eliminar todo rezago de la plaga zombie hasta quedarse sin balas.
Pero no sólo fue Baquedano el sorprendido. Si bien los oficiales de Bolognesi decidieron apoyar la respuesta de su líder para defender el territorio nacional, aún no terminaban de entender a qué se refería la amenaza de muertos vivientes ya que el viejo coronel se había cuidado de ocultar lo más posible la presencia de cadáveres andantes para no perjudicar la moral de la tropa. En la famosa Casa de la Respuesta, Bolognesi les confesó la naturaleza de su misión y el por qué no abandonaría Arica vivo. Conmovidos por su valentía, unánimente se decidieron a dar la batalla simultánea a los fétidos engendros y al enemigo sureño.
Los primeros choques empezaron el 5 de junio, cuando los chilenos lanzaron lluvias de artillería acompañadas de zombies capturados en los alrededores. El ejército peruano no tuvo problemas en defenderse. El 6 de junio ya se desata la batalla con los zombies y soldados chilenos avanzando por todos los frentes. Durante la tarde y parte de la noche, los peruanos hicieron todo lo posible por defender sus posiciones pero la moral de los soldados, nunca antes enfrentados a muertos deambulando, estaba en lo más bajo. Ante esta situación, era evidente para Bolognesi que lo único que le quedaba por hacer era el ritual que evitaría temporalmente el advenimiento del Ortecho y culminaría con su muerte.

Soldado chileno tratando inútilmente de detener a un zombie mediante la técnica del "repase": ignorantes de que el modo seguro de destruir a un zombie es mediante trauma al cerebro, los chilenos creían que era suficiente "rematar" a los caídos.
Y entonces sucedió: luego de cruentos enfrentamientos durante la madrugada del 7 de junio, el número de zombies, incrementado por las víctimas zombificadas en el campo de batalla fue demasiado para defender los fuertes peruanos y el remanente del ejército se refugió en el morro de Arica. Pero lo que parecía una victoria chilena incontenible se convirtió en una masacre para ambos bandos cuando los zombies, hambrientos de carne sin distinción de nacionalidad o raza, empezaron a cebarse también de los propios soldados chilenos.
Alertado por el caos, Bolognesi se apresura a dar órdenes para detonar las minas alrededor del morro y contener a los miles de zombies que los rodeaban pero sin éxito. Los comandantes chilenos, aún al haberse dado cuenta también de que habían perdido del control de los zombies, deciden seguir atacando las posiciones peruanas, temeridad que le costaría la vida al teniente coronel chileno Juan José San Martín, devorado por los muertos vivientes. En un último intento de contener la situación, Bolognesi efectúa el ritual tal cual lo había aprendido antes de Grau y, antes de que la vida lo abandonara producto del arcano sortilegio, se deja matar por el enemigo.
En la distracción de esta escena dantesca, el coronel Alfonso Ugarte es mordido en un descuido y, antes que convertirse en un muerto reanimado, se lanza sobre el precipicio del morro, ante la indistinta admiración de peruanos y chilenos, estos últimos comprendiendo al fin la dimensión del sacrificio que Bolognesi acababa de realizar. Es allí que deciden detener su ataque contra los defensores peruanos, debilitados y desmoralizados ante la desaparición de todo su cuerpo de oficiales, que ya les había garantizado la toma de Arica. Durante el resto del día se dedicaron simplementa a detener y destruir los miles de zombies que los rodeaban.

Alfonso Ugarte, otro heroe de Arica. Prefirió arrojarse al mar antes que caer víctima de la infección zombie y convertirse en una amenaza para su regimiento.
Con esta batalla y la muerte de Bolognesi, el único sacrificio que faltaba para que La Logia completara su plan para detener al Ortecho era el de Cáceres. Pero Cáceres no murió en Huamachuco como estaba previsto. Pragmático al fin, el mariscal nunca creyó que los zombies, monstruos de carne y hueso, estuviesen relacionados con lo sobrenatural y decidió que serviría mejor al Perú en política. Para la Iniciativa Valhalla aún no está comprobado que el Uro Tisho, Ortecho o Cthulhu exista realmente o sea de algún modo responsable del fenómeno biológico que da origen al virus del zombismo pero es claro que La Logia sí lo creyó y, sea por relación directa o por coincidencia, el incumplimiento del sacrificio de Cáceres fue simultaneo a la aparición de nuevos brotes de zombismo que se hicieron manifiestos a principios del siglo XX.
Posted: febrero 26, 2011 at 9:29 am | Tags: foto, Oro Tech, política, Zombies
En días pasados se ha reportado una noticia en los medios que muchos han enfocado desde el ángulo equivocado.

Fuente: El Comercio Web. Nótese cómo, además de no mencionar para nada el factor zombie, la nota tiene un claro error tipográfico al final.
Se trata del escandaloso robo de invalorables escritos custodiados en la Biblioteca Nacional del Perú. Aunque desde aquí rechazamos cualquier robo al patrimonio histórico nacional, nos preocupa en particular la desaparición de ediciones originales de los tratados de Guamán Poma de Ayala, Ricardo Palma, Antonio Raimondi y el Inca Garcilaso de la Vega sobre zombies. De hecho, uno de nuestros investigadores académicos nos ha confirmado que en particular los ladrones se han cuidado de desaparecer casi todo rastro de la relación entre el Uro Tisho – la deidad zombie inca – y los muertos vivientes, sin duda para evitar que alguien descifre el modo de detener el inminente renacer de los muertos mediante el uso del conocimiento perdido del antiguo Perú.
Varias preguntas surgen:
¿Quién pudo hecho esto y por qué? No hay que hacer mucho esfuerzo de deducción para darse cuenta de que los únicos interesados en desaparecer uno de los pocos modos de evitar el próximo apocalipsis zombie son quienes hoy se escudan en la inmunidad de pertenecer al Oro Tech Institute, siniestra organización a la que responsabilizamos públicamente por esta situación. Si ellos fueron capaces de engañar al mismísimo Hugo Chávez para hacerse del cuerpo de Bolívar y el secreto de su inmunidad al virus zombie, con más facilidad pueden corromper a los empleados de una institución cultural pública peruana.
¿Por qué el Director de la Biblioteca Nacional no va a acusar a nadie? Se trata de una muestra más del enorme poder político que tiene el doctor Timor Darwin, el oscuro director de Oro Tech para quien aceitar jueces y colocar aliados en puestos relevantes para sus intereses es cosa de todos los días.
¿Por qué sucede esto en coyuntura electoral? No es un secreto para nadie que el Oro Tech Institute tiene una desquiciada agenda prozombie y no es descabellado pensar que esté intentando deshacerse de toda la información antizombie y por ende, todo lo relacionado con el Uro Tisho u Ortecho – o Cthulhu como se le conoce en el mundo anglosajón – a fin de asegurar que nadie se interponga entre ellos y sus aberrantes planes.
Aunque para lograr todo esto, Oro Tech tiene que contar con la colaboración del gobierno actual, este apoyo tiene los días contados debido al cambio de régimen en julio 2011. El único modo de seguir promoviendo sus intereses es intervenir directamente en la campaña electoral apoyando directamente a candidatos afines al renacimiento zombie o influyendo a quienes no tienen una clara posición de rechazo al resurgimiento de los muertos vivientes.
Para cualquiera medianamente informado, es claro que entre el primer grupo están ciertos candidatos que hablan de reivindicación del pasado y que buscan, entre otras cosas, renovar el auge andino perdido con la llegada española. Y ya sabemos que en buena medida este florecimiento de los Andes se debió a la expansión del imperio zombie de Pachacutec. De hecho, no es casualidad que el nombre de cierto movimiento incluya sibilinamente una referencia a Cáceres, el miembro de La Logia – esforzado grupo de valientes cazadores de zombies que incluyó a héroes de la talla de Grau y Bolognesi – que falló en sacrificarse para detener el conjuro del Ortecho que amenazaba con tragarse a la nación.

¿Cuál de estos candidatos ofrece acciones anti zombie claras? ¿Quién es el Candidato Oro Tech? (Imagen: La República Web)
Entre el segundo grupo está claramente cierto candidato de pocas palabras que no ha hecho el menor esfuerzo por deslindar su relación con Oro Tech, lleva en su lista a varios simpatizantes del doctor Darwin y además, en terrorífico arranque de sinceridad, ha hecho referencias a un virus desconocido.
Seguiremos informando a medida que tengamos más datos. Mientras tanto, les pedimos a todos nuestros lectores que se documenten respecto a las ideas y planes de gobierno de sus candidatos. Es imperativo detectar cualquier sesgo pro-zombie de inmediato.
Posted: febrero 2, 2011 at 9:40 pm | Tags: Zombies
Como ya hemos venido comentando, Ricardo Palma escribió sus famosas “Tradiciones en Salsa Roja” inspirado por las crónicas virreynales de la lucha antizombie y alentado por el heroismo de La Logia, entregado grupo de lucha antizombie contemporaneo de don Ricardo.
En esta ocasión, transcribimos en calidad de primicia la conocida tradición “Las Moscas de Santa Rosa“, cuya versión censurada por el propio autor en la forma de “Los Mosquitos de Santa Rosa” es lo que se lee en las escuelas del país que aún no han adoptado la currícula de Prevención Zombie.

Ricardo Palma, historiador de La Logia y cronista del fenómeno zombie en tiempos de la Colonia y primeros años de la República.
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Las Moscas de Santa Rosa
Cruel enemigo de los cadáveres es la mosca necrófaga o carroñera, cuando se le viene el antojo de alimentarse en torno a nuestros fallecidos, haciendo imposible velorios serios con su incansable impertinencia. ¿Qué reposo tendrá un cristiano fallecido con su cuerpo carcomido por el impertinente animalejo? ¿Qué consuelo los parientes al ver a la malcriada mosca cebándose con sus seres queridos?
Pues yo se los diré: el consuelo de saber que si su abuelo recién muerto se transforma en un cadaver reanimado, la presencia de las moscas carroñeras donde no debiera haber ninguna le advertirá de la presencia del monstruo.
Por eso mi paisana Santa Rosa, tan valiente para enfrentarse a las hordas de cadáveres vivientes, halló en las moscas aliados invaluables para su lucha contra esos esbirros de Satanás.
Y ahí va, a guisa de tradición, lo que sobre el tema tal refiere de los biógrafos de la santa limeña.
Sabido es que en la casa en que nació y murió la Rosa de Lima, hubo un espacioso huerto en el cual se edificó la santa una ermita u oratorio destinado al recogimiento y penitencia. Los pequeños pantanos alrededor del huerto, con sus residuos del regadío y animalitos silvestres muertos, son criaderos de miriadas de moscas carroñeras y como la santa no podía pedir a su Divino Esposo que, en obsequio de ella, eliminase a los muertos vivos sin más, optó por parlamentar con los insectos y pedirles ayuda.
Así decía:
– Cuando me vine para habitar esta ermita, hicimos un pacto las moscas y yo, de que no los molestaría, y ellos a cambio me señalarían los lugares donde se ocultaban los fétidos engendros.
Y el pacto se cumplió por ambas partes, como no se cumplen… ni los pactos politiqueros.
Aun cuando penetraban por la puerta y ventanilla de la ermita, las moscas guardaban compostura y no se atrevían a posarse sobre los alimentos de la santa hasta que ella les decía:
- ¡Esta noche vamos a cazar!
Y salían obedientes las moscas y Rosa tras ellas, buscando a los recientes muertos vivientes que se encondían entre los recovecos de la ciudad al acecho de posibles víctimas. Las moscas identificaban los olores y situaban y se alimentaban del enemigo para que llegada Rosa les propinara el certero golpe en la cabeza que acabara con sus miserias.
Al regresar a la ermita luego de una noche entera de batallas de vida o muerte, la santa los convocaba para decirles:
- Bueno será, amiguitas, alabar conmigo al Señor que las ha sustentado hoy.
Y las moscas se arremolinaban en el alféizar de la ventana, zumbando levemente hasta que la bienaventurada decía:
- A recogerse amigas, formalitas y sin hacer laberinto.

La valiente Rosa de Lima, santa que, al igual que Martín de Porras, utilizó animales para la lucha antizombie.
Eso se llama buena educación, y no la que da mi mujer a nuestros nenes, que se le insubordinan y forman algazara cuando los manda a la cama.
No obstante, parece que alguna vez se olvidó la santa de dar orden de buen comportamiento a sus súbditos; porque habiendo ido a visitarla en la ermita una beata llamada Catalina, las moscas se cebaron en unos frutos fermentados que llevó para comer. La Catalina, que no aguantaba pulgas, dio una manotada y aplastó una mosca.
– ¿Qué haces hermana? –dijo la santa–, ¿Mis compañeros de lucha me matas de esa manera?
– Enemigos mortales que no compañeros, dijera yo –replicó la beata. ¡Mira éste cómo se estaba comiendo mi almuerzo!
– Déjalos vivir hermana: no me mates a ninguna de estas pobrecitas, que te ofrezco no volverán a molestarte, sino que te ayudarán si decides unirte a la lucha de La Cofradía.
- ¿Qué cosas hablas de una Cofradía, hermana? –dijo Catalina–, Somos dominicas y punto. Pero acepto tu ofrecimiento sobre estos insectos.
Y ello fue que, en lo sucesivo, no hubo mosca que se le atreviera a Catalina pero, cosa extraña, parecían aparecérsele en ciertas zonas de la ciudad, sobre todo poco después de muertes por supuestos ataques de animales.
También la santa en una ocasión tuvo que valerse de sus amiguitas para castigar los remilgos de Francisquita Montoya, beata de la Orden Tercera y candidata a formar parte de La Cofradía del Eterno Reposo que se resistía a acercarse a la ermita, por miedo a los bichos y escepticismo en la lucha de Rosa contra los cadáveres andantes, aún cuando el mismísimo Toribio de Mogrovejo la había reclutado.
– Pues tres moscas te harán de picar ahora como si de carne muerta estuvieses hecha –le dijo Rosa–, uno en el nombre del Padre, otro en el nombre del Hijo y otro en nombre del Espíritu Santo.
Y simultáneamente sintió la Montoya en el rostro el ataque de tres moscas. Todo esto lo sé porque los cronistas me lo contaron en sus escritos y testimonios. El Salterio de Toribio da cuenta además de estos y otros hechos de Rosa de Lima y Martín de Porras que, ni duda cabe, les iré revelando para su conocimiento y preparación para la inminente epidemia de muertos vivientes que pronostica el regreso del Uro Tisho.
Posted: enero 7, 2011 at 12:19 pm | Tags: Ortecho, valhalla, Zombies
Muchos de nuestros lectores nos han preguntado por qué nuestro grupo de concientización y combate de la amenaza zombie se llama Iniciativa Valhalla y no tiene un nombre de mayor raigambre peruana. La razón a continuación:
Es el año 1934, y el personaje de nuestra historia está por concluir sus estudios en Hamburgo para optar el grado de Doctor en Matemática. El hombre, reconocido por sus colegas como un brillante investigador, ha dedicado los últimos meses a abordar un tema que le preocupa sobremanera y que ha sido objetivo de varios estudios en las últimas tres décadas:
En 1892, la ciudad de Hamburgo vio amenazada su existencia por una plaga que diezmó a la población rápidamente. La enfermedad se caracterizaba por fiebre debilitante y deshidratación que derivaba en muerte segura. Los libros de historia oficial identifican a la epidemia como cólera y hablan hasta de 8,600 víctimas.

La Gran Crisis Zombie de 1892, tragedia ocultada por las autoridades de la época.
Dotado de clara inteligencia y espíritu inquisidor, nuestro matemático desarrolla finalmente un modelo análitico de propagación de la enfermedad. Algo le preocupa, sin embargo: aunque ha estudiado al detalle todas las variables comunes a brotes de cólera en Europa, no logra calibrar la cifra oficial de bajas en Hamburgo con la velocidad de contagio predicha por su modelo. La enfermedad causó muchas más muertes de lo esperado para el cólera urbano. Y otro detalle llama su atención: los archivos de la ciudad indican que las autoridades se vieron forzadas a incinerar los cuerpos de miles de víctimas, reacción bastante inusual ante estos casos.
Lamentablemente para él, todo se aclara pronto. Inocentemente menciona a las autoridades de la ciudad sus hallazgos y ellos a su vez informan del caso a oficiales del Tercer Reich. Dos semanas después un mayor del ejército y dos soldados cargando una caja de madera llegan hasta su puerta para conversar sobre sus análisis.
Y es allí donde le revelan la verdad: la epidemia de cólera de 1892 fue en realidad un brote zombie en Hamburgo, ocultado por el gobierno de la época para evitar el pánico. Pero eso no era lo peor: varios especímenes zombie no se destruyeron directamente sino que se les capturó para estudiarlos. A manera de prueba, el torso y cabeza reanimados de uno de los zombies sobrevivientes era en efecto el contenido de la caja que le mostraron al sorprendido e incrédulo matemático.
Los oficiales nazi intentaron hacer un trato con el muchacho: ellos le darían las cifras exactas para terminar su modelo estadístico a cambio de que los ayudara diseñando nuevos modelos que pudieran predecir la expansión de una nueva plaga Z si aquella pudiera utilizarse como arma y dirigirse puntualmente contra un territorio.
De más está decir que el valiente hombre se negó tajantemente a ayudarlos en semejante aberración. Por el contrario, desde ese momento planeó su salida del país y se prometió a sí mismo utilizar todos los recursos a su alcance para combatir el zombismo en todas sus formas.

Asgard, hogar del Valhalla y los héroes fallecidos que combatirán la destrucción del Ragnarok
Conciente de la magnitud del peligro que se cernía sobre el mundo, decidió no enfrentarse a la amenaza en solitario así que tomando un página de las tradiciones heroicas de su natal Alemania, creo el grupo Krieger Von Walhalla, en honor al salón en Asgard donde los héroes caídos en combate aguardan el Ragnarok. Acto seguido, sabedor del foco histórico de muertos vivientes que fue el antiguo Perú y estando al tanto de las aventuras de La Logia una generación antes, se mudó aquí para unirse a los luchadores de zombies de estas tierras y compartir sus conocimientos de técnicas europeas de contención de la epidemia de muertos vivos. Como ya hemos revelado antes, sin embargo, algunos miembros del Reich tuvieron la misma idea y en algún momento realizaron siniestros experimentos sobre el virus Z en la sierra de Junín.
El nombre de este heróico hombre de ciencia era Erik Gießer y en reconocimiento a su aporte en la lucha antizombie es que la generación actual se hace llamar Iniciativa Valhalla, heredera de sus ideales humanitarios y científicos y que continúa combatiendo la ignorancia sobre la plaga zombie y los desquiciados planes del Oro Tech Institute y el Chavismo al respecto.
Posted: diciembre 21, 2010 at 3:52 pm | Tags: logia, Ortecho, Zombies
Mientras buscaba inspiración para un cuento que estaba empezando a escribir, en la noche del 30 de diciembre de 1873 un hombre recién entrado a sus cuarentas se encontró caminando sin rumbo y disfrutando de la ligera brisa veraniega entre algunas de las intrincadas y desoladas calles de Balconcillo, cuando un gruñido llamó su atención.
No siendo igual a nada que hubiese escuchado antes, descartó rápidamente que se tratase de un perro o algún otro animal doméstico con el que estuviese familiarizado. Atraido por la curiosidad, el hombre se aproximó a la fuente del gruñido adentrándose en un oscuro callejón.

Callejón donde el futuro historiador de La Logia casi sucumbe a manos de un muerto viviente.
Al final de la calle sin salida y con ayuda de la luz de la luna vio a una sombra humana golpeando torpemente la pared de adobe tratando inutilmente de salir por allí mientras emitía extraños gemidos.
Manuel, que así se llamaba el hombre de esta historia, pensó que se trataría de algún caballero pasado de copas así que se aproximó a la figura de espaldas a él para preguntarle dónde estaba su residencia y tratar de dirigirlo en la senda correcta. Pero ni bien articuló las primeras frases cuando el supuesto beodo volteó hacia él y entonces, para su horror, pudo distinguirlo bien.
Físico antinaturalmente demacrado, ojos vidriosos, gruesos rastros de sangre seca de una profunda herida en el cuello que asemejaba una horrible mordida, manchas moradas de sangre coagulada en las venas, sólo trozos de labio cubriendo sus dientes y casi ninguna piel sobre los dedos de unas manos que se acercaban amenazantes eran las características más saltantes de esta aparición que hizo caer a Manuel de espaldas cuando trataba de huir retrocediendo aterrorizado.
Casi inmovilizado por el pánico, Manuel sólo pudo seguir alejándose arrastrándose sobre el suelo ayudado de manos y pies mientras trataba de pedir ayuda pero quedó atrapado contra un muro a poco más de un metro de distancia del engendro que se aproximaba con las fauces abiertas hacia él. Seguro de que su grito de auxilio no había sido escuchado, Manuel se preparó a morir a sus exactamente 40 años de vida.
Lo que sucedió a continuación nunca se le olvidó en las décadas que siguieron: el reflejo relampageante de una hoja de acero hundida certeramente en el cráneo del monstruo. El portador del arma, un caballero de barba en impecable uniforme naval:
- ¿Quién es usted? ¿Qué …. qué era esa cosa?
- Una pregunta a la vez. Soy el Capitán Miguel Grau Seminario, a sus órdenes – dijo el uniformado – y eso, querido amigo, era un cadaver reanimado.
- ¿Cómo? – exclamó Manuel mientras se iba incorporando.
- Entiendo que pueda serle difícil de digerir lo que le acabo de decir. Hasta hace unos años yo tampoco lo creía posible. Pero vealo usted mismo.

Miguel Grau, apasionado patriota y defensor de la humanidad contra la amenaza de la plaga Z.
Manuel se agachó a ver el cuerpo maltrecho que yacía en el piso. En efecto, por el aspecto y el característico olor podrido pudo comprobar que se trataba de un cadaver.
- ¿Cómo es esto posible?
- Nuestro grupo aún no tiene una respuesta definitiva aunque creemos que se trata de las primeras manifestaciones del Ortecho. Este ejemplar saltó de un balcón a pocas casas de aquí mientras yo lo perseguía …
El marino se calló al darse cuenta de que estaba dando demasiada información. Pero el hombre a quien acababa de salvar le inspiraba inexplicable confianza. Además, pensó, cualquier mortal inmerecedor de la verdad ya hubiese huido despavorido.
- Venga conmigo. Estoy de franco y creo que ambos nos merecemos un trago para recuperar el aliento. Tengo un licor de algaborro recién traido de Piura que podemos degustar mientras le cuento todo.
- Está bien. Beber no está entre mis costumbres pero esta ocasión lo amerita.
Ambos hombres salieron del callejón y caminaron esta vez por las calles más iluminadas.
- ¿Cómo se llama usted?
- Manuel Palma. Pero uso más mi segundo nombre, Ricardo.
- ¿El historiador Ricardo Palma? – Grau se detuvo para observar mejor a su interlocutor – Me parece que nos presentaron en esa velada en la Biblioteca Nacional hace unos meses. He leído con mucho interés sus tratados de historia colonial.
- Soy historiador e investigador en mis ratos de ocio. Dígame algo, ¿esto tiene algo que ver con el Uro Tisho andino? Recuerdo haber encontrado algo sobre esta deidad y el culto a los muertos durante mi investigación sobre la Inquisición.
- Es usted muy suspicaz. Justo el tipo de persona que estamos buscando.
- ¿Buscando?
- Soy parte de un grupo, una liga, si lo quiere ver así, que está llevando secretamente la lucha contra estas criaturas. Lamentablemente todavía somos pocos y nos sería de gran ayuda contar con alguien capaz de escarbar entre la bruma de la historia el origen de esta abominación. Venga conmigo y lo pondré al tanto.
El resto es historia. Este encuentro que salvó la vida de Ricardo Palma lo marcó para siempre y fue la inspiración para que empezara a escribir sus famosas “Tradiciones en Salsa Roja” (no confundir con la obra de Celso Torres), recopilando allí las legendarias aventuras de La Logia. Y es La Logia la sociedad secreta que menciona Grau y que en su apogeo reuniría al propio Grau, a Bolognesi y a Leoncio Prado entre otros héroes, en peligrosos encuentros con los cadáveres andantes, en desigual lucha contra el advenimiento de El Ortecho. El relato que acaba usted de leer, amigo lector, es una adaptación de la historia original escrita por Palma.

Joven Ricardo Palma, historiador de La Logia. Fue salvado por Miguel Grau de una muerte segura a manos de un infectado.
Estas historias a su vez, fueron inspiración para Clemente Palma, hijo del ilustre escritor que a su tiempo se atrevió a investigar profusamente el mito de El Ortecho publicando sus hallazgos al respecto mezclando verdad y ficción para no atemorizar innecesariamente a una población desprevenida ante la amenaza en ciernes.
Posted: noviembre 8, 2010 at 12:16 pm | Tags: Colonia, foto, Ortecho, Zombies
Poco antes de la Guerra del Pacífico, trágica consecuencia de una manifestación de El Ortecho como luego veremos, algunos estudiosos del fenómeno zombie se dedicaron a tratar de encontrar en el pasado una explicación al problema y una posible solución. Otros, deseosos de advertir a la población de la crisis que se avecinaba pero sin deseo de alarmarlos, utilizaron el arte para compartir de una manera más amigable su conocimiento de la epidemia Z y su influencia durante la colonia y los primeros años de nuestra vida republicana. Entre ellos, destacan Ricardo Palma – de quien ya hablamos un poco y a quien dedicaremos un artículo más adelante – y Pancho Fierro.

Pancho Fierro. Retrató en un estilo único la vida y costumbres de su época, incluyendo la lucha contra la amenaza zombie.
Francisco “Pancho” Fierro Palas fue un mulato con talento natural para la pintura que durante las postrimerías del siglo XIX pintó unas 1,200 acuarelas con escenas de la vida común limeña. Por supuesto, su obra no pudo mantenerse ajena a la realidad zombie que aquejaba esos difíciles primeros años de la República del Perú.
Gracias a su madre, Carmen Palas, conoció la obra de Fray Martín de Porras, heróico místico peruano fundador de La Cofradía del Eterno Reposo, el destacado grupo anti zombie. Ella lo introdujo a las técnicas de combate zombie utilizadas por los esclavos negros, sobre todo la captura y destrucción de los no muertos con ayuda del ruido de zapateo y cajón. De allí que muchas de sus acuarelas reflejan estas valientes costumbres del pueblo.

Acuarela de Pancho Fierro. Trabajadores de una hacienda tratan de detener a un esclavo zombificado que se acerca amenazadoramente con los brazos extendidos para coger a cualquier incauto.
Lo que puede sorprender hoy, sin embargo, es que ninguna de sus pinturas refleja temor entre los combatientes sino que, contra lo que se podría pensar, la lucha anti zombie era una actividad popular entre los esclavos de las haciendas costeñas, que familias enteras tomaban con espíritu alegre. A este punto, vale la pena reconocer una vez más la genialidad del aporte de Fray Martín: hacer del combate zombie una actividad festiva comunal, que aprovechaba los ritmos africanos para rodear y detener los brotes zombie que se presentaran. Pancho Fierro se encarga de mostrarnos lo efectivo de la idea, con escenas que muestran exitosos combates contra los infectados de la época.

Típico cazador de zombies y su perro, retratados por Pancho Fierro. Como sabemos, el uso de animales para enfrentarse a muertos vivientes fue fomentado por Fray Martín durante el virreynato.
Cabe notar además que, entre sus acuarelas, no es frecuente encontrar cobrizos luchando contra zombies, sin duda porque muchos de los pobladores autóctonos aún conservaban y añoraban el recuerdo ancentral incaico de la supremacía zombie. Algunos historiadores ven en estas diferencias el origen de la rivalidad entre los naturales de la serranía peruana y la comunidad afroperuana.

Acuarela que plasma momentos de la festividad de captura y eliminación de zombie. Nótese que el engendro tiene un objeto en la mano. ¿Pancho Fierro advirtiéndonos de los zombies utilizados como arma por algún fanático indígena?
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