respeta al almirante

Coronel Francisco Bolognesi, discípulo del Marqués de Montalmira, distinguido combatiente de la plaga zombie.

Zombies y el Día de la Bandera

Publicado: 2011-06-07

El 7 de junio de todos los años, el Perú conmemora el Día de La Bandera en recuerdo del sacrificio peruano en la Batalla de Arica. Aunque casi todos conocen por lo que les enseñaron en el colegio que ese fue un sangriento encuentro entre las fuerzas de Chile y Perú, no muchos saben que los muertos vivientes estuvieron a punto de devorar a ambos ejércitos.  La Iniciativa Valhalla rememora esos fatídicos acontecimientos:

Advertidos del inminente retorno del Uro Tisho y sus hordas de muertos vivientes, los miembros de La Logia - entre ellos Grau, Cáceres, Bolognesi y Prado - hicieron un pacto de sangre para detener el avance zombie en puntos estratégicos del territorio nacional. El heróico plan incluía sacrificar sus propias vidas para conjurar a la terrible entidad. Al Coronel Bolognesi le tocó en suerte la resistencia de Arica. Su amplia experiencia en el manejo de crisis zombie bajo el tutelaje del Marqués de Montalmira lo hacía el candidato ideal para defender ese puesto de frontera.

Arica, aún provincia sureña de Perú por esos meses de 1880, presentaba brotes esporádicos de zombismo, aprovechados por el enemigo chileno para sembrar confusión entre las tropas peruanas. Poco sabían los chilenos que lo que ellos consideraban la oportunidad de la victoria se volvería contra ellos.

Los primeros indicios se dieron a finales de mayo de 1880, cuando chilenos infectados con el virus zombie llegaron al río Lluta. Bolognesi ordenó colocar minas en las cercanías para destruirlos, aunque sin confesarle aún ni a la soldadesca ni a gran parte de sus oficiales a qué se estaban enfrentando. Las imágenes de cuerpos reanimados atacando fue demasiado para el coronel Agustín Belaunde, quien desertó enloquecido ante la situación. Durante los primeros días de junio, el ejército chileno había ya ocupado lugares estratégicos sitiando Arica. Su plan era rodear a la ciudad y atacarla con zombies capturados o convertidos en la zona. El general chileno Manuel Baquedano, consciente sin embargo de que no tenía el conocimiento ni la experiencia suficiente como para controlar muertos vivientes por mucho tiempo, envía a un emisario a pedir la rendición de Bolognesi, esperando que el veterano militar se rindiera en lugar de arriesgarse a infectar una ciudad entera.

Por eso grande fue su sorpresa cuando Bolognesi replicó con sus inmortales palabras al ser amenazado con el avance zombie:

"Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho", dijo al referirse a su intención de eliminar todo rezago de la plaga zombie hasta quedarse sin balas.

Pero no sólo fue Baquedano el sorprendido. Si bien los oficiales de Bolognesi decidieron apoyar la respuesta de su líder para defender el territorio nacional, aún no terminaban de entender a qué se refería la amenaza de muertos vivientes ya que el viejo coronel se había cuidado de ocultar lo más posible la presencia de cadáveres andantes para no perjudicar la moral de la tropa. En la famosa Casa de la Respuesta, Bolognesi les confesó la naturaleza de su misión y el por qué no abandonaría Arica vivo. Conmovidos por su valentía, unánimente se decidieron a dar la batalla simultánea a los fétidos engendros y al enemigo sureño.

Los primeros choques empezaron el 5 de junio, cuando los chilenos lanzaron lluvias de artillería acompañadas de zombies capturados en los alrededores. El ejército peruano no tuvo problemas en defenderse. El 6 de junio ya se desata la batalla con los zombies y soldados chilenos avanzando por todos los frentes. Durante la tarde y parte de la noche, los peruanos hicieron todo lo posible por defender sus posiciones pero la moral de los soldados, nunca antes enfrentados a muertos deambulando, estaba en lo más bajo.  Ante esta situación, era evidente para Bolognesi que lo único que le quedaba por hacer era el ritual que evitaría temporalmente el advenimiento del Ortecho y culminaría con su muerte.

Soldado chileno tratando inútilmente de detener a un zombie mediante la técnica del

Y entonces sucedió: luego de cruentos enfrentamientos durante la madrugada del 7 de junio, el número de zombies, incrementado por las víctimas zombificadas en el campo de batalla fue demasiado para defender los fuertes peruanos y el remanente del ejército se refugió en el morro de Arica. Pero lo que parecía una victoria chilena incontenible se convirtió en una masacre para ambos bandos cuando los zombies, hambrientos de carne sin distinción de nacionalidad o raza, empezaron a cebarse también de los propios soldados chilenos.

Alertado por el caos, Bolognesi se apresura a dar órdenes para detonar las minas alrededor del morro y contener a los miles de zombies que los rodeaban pero sin éxito. Los comandantes chilenos, aún al haberse dado cuenta también de que habían perdido del control de los zombies, deciden seguir atacando las posiciones peruanas, temeridad que le costaría la vida al teniente coronel chileno Juan José San Martín, devorado por los muertos vivientes. En un último intento de contener la situación, Bolognesi efectúa el ritual tal cual lo había aprendido antes de Grau y, antes de que la vida lo abandonara producto del arcano sortilegio, se deja matar por el enemigo.

En la distracción de esta escena dantesca, el coronel Alfonso Ugarte es mordido en un descuido y, antes que convertirse en un muerto reanimado, se lanza sobre el precipicio del morro, ante la indistinta admiración de peruanos y chilenos, estos últimos comprendiendo al fin la dimensión del sacrificio que Bolognesi acababa de realizar. Es allí que deciden detener su ataque contra los defensores peruanos, debilitados y desmoralizados ante la desaparición de todo su cuerpo de oficiales, que ya les había garantizado la toma de Arica. Durante el resto del día se dedicaron simplementa a detener y destruir los miles de zombies que los rodeaban.

Alfonso Ugarte, otro heroe de Arica. Prefirió arrojarse al mar antes que caer víctima de la infección zombie y convertirse en una amenaza para su regimiento.

Con esta batalla y la muerte de Bolognesi, el único sacrificio que faltaba para que La Logia completara su plan para detener al Ortecho era el de Cáceres. Pero Cáceres no murió en Huamachuco como estaba previsto. Pragmático al fin, el mariscal nunca creyó que los zombies, monstruos de carne y hueso, estuviesen relacionados con lo sobrenatural y decidió que serviría mejor al Perú en política. Para la Iniciativa Valhalla aún no está comprobado que el Uro Tisho, Ortecho o Cthulhu exista realmente o sea de algún modo responsable del fenómeno biológico que da origen al virus del zombismo pero es claro que La Logia sí lo creyó y, sea por relación directa o por coincidencia, el incumplimiento del sacrificio de Cáceres fue simultaneo a la aparición de nuevos brotes de zombismo que se hicieron manifiestos a principios del siglo XX.


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