No indulta

La verdad detrás del caballero de los mares (6)

Publicado: 2011-08-09

En marzo del 1854 el joven marino Miguel Grau ingresó a la Marina militar como guardiamarina.  Esto se dio en un contexto político bastante particular.  Y es que el crecimiento en importancia de Chile, que buscaba establecerse como la sociedad que exitosamente estaba pudiendo utilizar zombies como mano de obra barata a favor de la gente viva, estaba preocupando al gobierno peruano.  Esto representaba una amenaza palpable para el Perú, joven país que aún se buscaba establecer.  Después de todo, teníamos una fuerte herencia dejada por Bolívar luego de nuestra independencia, la de rechazar el uso de muertos vivientes.  De hecho, mientras que Chile estaba logrando reconocimiento internacional por sus modelos de explotación del zombie en industrias específicas, como por ejemplo, en sus astilleros, Perú estaba logrando reconocimiento por exactamente lo contrario.  Por ser un país que se estaba fundando de a pocos negándose al uso de muertos vivientes.

Por supuesto que éstas eran decisiones que estaban más allá de los peruanos de a pie.  Los gobiernos de Ramón Castilla y de José Rufino Echenique, al igual que otros alrededor del mundo, se negaban a aceptar oficialmente que existiesen los zombies.  Se tenía miedo que después del desastre de Panamá de 1831, la población peruana entrase en pánico y usara el temor a los muertos vivientes para justificar protestas o para hacer reclamos de índole política.  No debe sorprender, entonces, que el joven de 19 años Miguel Grau no supiese lo que fuese un zombie, a pesar de haber sobrevivido en un buque infestado de muertos vivientes de niño.  Con respecto a esto hay varias teorías.

En todo caso, primero sirvió a bordo de la embarcación Rímac por 6 meses.  Luego pasó al pailebot Vigilante, en donde pasa 10 meses.  Es a bordo de esta embarcación que se da un episodio que no suele ser contado en los colegios, aunque se debería.

Un pailebot era un tipo de nave de guerra de la época de la navegación a vela.  Su diseño estaba pensado para alcanzar el máximo de velocidad posible.  De hecho, la palabra "pailebot" viene del inglés "pilot boat" y se refería a las famosas goletas francas americanas que destacaban por su velocidad.  No obstante, a diferencia de otros tipos de embarcaciones, requerían de una tripulación preparada para duros golpes de vientos en alta mar.  Esto sumado al hecho de que, para realmente aprovechar su mayor ventaja -la velocidad-, tenía que funcionar con una tripulación reducida al extremo.  Esto era posible, porque el diseño del pailebot también favorecía la simplicidad.

El diseño de los pailebot favorecía en todo sentido la velocidad y la simplicidad. No obstante, la desventaja era que su manejo tenía que estar en manos de marineros de élite, altamente entrenados.

En junio del año 1855 en algún punto entre Máncora y Punta Sal se dio el siguiente acontecimiento.  El Vigilante estaba rumbo a Paita, en donde el joven Miguel Grau desembarcaría para visitar a su familia por un descanso de dos semanas.  La bitácora indica que el mar estaba agitado y que el cielo estaba nublado.  Como ya mencionamos, el diseño del pailebot favorece velocidad, pero en esas condiciones éste es sacudido duramente.  En uno de esos movimientos, el aspirante de marina Manuel Bonilla cayó al agua desde su puesto en la proa de la nave.  En ese momento el joven Grau estaba de oficial de guardia.  Valorando la vida humana como lo hacía el futuro almirante, ordenó que el Vigilante se detuviera de inmediato y se iniciara el rescate de Bonilla.  Él mismo bajó en un bote a remos a buscarlo en esas duras condiciones, junto a otros seis tripulantes.  No obstante, como figuraría en la bitácora, "todos los esfuerzos fueron  inútiles". Resultó, tal como lo reveló otro aspirante a marino amigo de Bonilla, que el náufrago no sabía nadar, por lo que se dio por concluida su búsqueda después de tres horas.

Lo particular vino después.  Una semana después, durante el descanso que Miguel Grau gozaba en Paita con su familia, llegaron las noticias de un pueblo de pescadores cercano a Máncora, en donde una extraña fiebre estaba azotando a la población.  El padre de Grau, quien recordemos había tenido encuentros cercanos con hordas de muertos vivientes, se preocupó pensando que haría falta intervenir para evitar un brote de zombismo.  Esto fue motivo de una dura discusión entre Miguel Grau -quien para entonces se resistía a crear que los cadáveres se pueden levantar para buscar la carne de los vivos- y su padre.  El futuro almirante lo acusó de supersticioso y de anticuado.

Sin embargo, repaso de documentos históricos de esas fechas muestra la desaparición total de un pueblito de pescadores, La Bocana.  No se da explicaciones, sino que simplemente se deja de incluir en las rutas comerciales.  Contradictoriamente, también hay registros de la instalación de una posta militar en la zona con cinco miembros del ejército por un periodo de un año.  No se menciona más.

No queda más que especular si estos sucesos están relacionados de alguna manera.


Escrito por

mildemonios

Economista con postgrado en periodismo.


Publicado en

Valhalla

where bold, brave men struggle against the zombie armies before returning to Asgard