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La verdad detrás del caballero de los mares (6)


En marzo del 1854 el joven marino Miguel Grau ingresó a la Marina militar como guardiamarina.  Esto se dio en un contexto político bastante particular.  Y es que el crecimiento en importancia de Chile, que buscaba establecerse como la sociedad que exitosamente estaba pudiendo utilizar zombies como mano de obra barata a favor de la gente viva, estaba preocupando al gobierno peruano.  Esto representaba una amenaza palpable para el Perú, joven país que aún se buscaba establecer.  Después de todo, teníamos una fuerte herencia dejada por Bolívar luego de nuestra independencia, la de rechazar el uso de muertos vivientes.  De hecho, mientras que Chile estaba logrando reconocimiento internacional por sus modelos de explotación del zombie en industrias específicas, como por ejemplo, en sus astilleros, Perú estaba logrando reconocimiento por exactamente lo contrario.  Por ser un país que se estaba fundando de a pocos negándose al uso de muertos vivientes.

Por supuesto que éstas eran decisiones que estaban más allá de los peruanos de a pie.  Los gobiernos de Ramón Castilla y de José Rufino Echenique, al igual que otros alrededor del mundo, se negaban a aceptar oficialmente que existiesen los zombies.  Se tenía miedo que después del desastre de Panamá de 1831, la población peruana entrase en pánico y usara el temor a los muertos vivientes para justificar protestas o para hacer reclamos de índole política.  No debe sorprender, entonces, que el joven de 19 años Miguel Grau no supiese lo que fuese un zombie, a pesar de haber sobrevivido en un buque infestado de muertos vivientes de niño.  Con respecto a esto hay varias teorías.

En todo caso, primero sirvió a bordo de la embarcación Rímac por 6 meses.  Luego pasó al pailebot Vigilante, en donde pasa 10 meses.  Es a bordo de esta embarcación que se da un episodio que no suele ser contado en los colegios, aunque se debería.

Un pailebot era un tipo de nave de guerra de la época de la navegación a vela.  Su diseño estaba pensado para alcanzar el máximo de velocidad posible.  De hecho, la palabra “pailebot” viene del inglés “pilot boat” y se refería a las famosas goletas francas americanas que destacaban por su velocidad.  No obstante, a diferencia de otros tipos de embarcaciones, requerían de una tripulación preparada para duros golpes de vientos en alta mar.  Esto sumado al hecho de que, para realmente aprovechar su mayor ventaja -la velocidad-, tenía que funcionar con una tripulación reducida al extremo.  Esto era posible, porque el diseño del pailebot también favorecía la simplicidad.

El diseño de los pailebot favorecía en todo sentido la velocidad
y la simplicidad.  No obstante, la desventaja era que su manejo
tenía que estar en manos de marineros de élite, altamente entrenados.

En junio del año 1855 en algún punto entre Máncora y Punta Sal se dio el siguiente acontecimiento.  El Vigilante estaba rumbo a Paita, en donde el joven Miguel Grau desembarcaría para visitar a su familia por un descanso de dos semanas.  La bitácora indica que el mar estaba agitado y que el cielo estaba nublado.  Como ya mencionamos, el diseño del pailebot favorece velocidad, pero en esas condiciones éste es sacudido duramente.  En uno de esos movimientos, el aspirante de marina Manuel Bonilla cayó al agua desde su puesto en la proa de la nave.  En ese momento el joven Grau estaba de oficial de guardia.  Valorando la vida humana como lo hacía el futuro almirante, ordenó que el Vigilante se detuviera de inmediato y se iniciara el rescate de Bonilla.  Él mismo bajó en un bote a remos a buscarlo en esas duras condiciones, junto a otros seis tripulantes.  No obstante, como figuraría en la bitácora, “todos los esfuerzos fueron  inútiles”. Resultó, tal como lo reveló otro aspirante a marino amigo de Bonilla, que el náufrago no sabía nadar, por lo que se dio por concluida su búsqueda después de tres horas.

Lo particular vino después.  Una semana después, durante el descanso que Miguel Grau gozaba en Paita con su familia, llegaron las noticias de un pueblo de pescadores cercano a Máncora, en donde una extraña fiebre estaba azotando a la población.  El padre de Grau, quien recordemos había tenido encuentros cercanos con hordas de muertos vivientes, se preocupó pensando que haría falta intervenir para evitar un brote de zombismo.  Esto fue motivo de una dura discusión entre Miguel Grau -quien para entonces se resistía a crear que los cadáveres se pueden levantar para buscar la carne de los vivos- y su padre.  El futuro almirante lo acusó de supersticioso y de anticuado.

Sin embargo, repaso de documentos históricos de esas fechas muestra la desaparición total de un pueblito de pescadores, La Bocana.  No se da explicaciones, sino que simplemente se deja de incluir en las rutas comerciales.  Contradictoriamente, también hay registros de la instalación de una posta militar en la zona con cinco miembros del ejército por un periodo de un año.  No se menciona más.

No queda más que especular si estos sucesos están relacionados de alguna manera.

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La verdad detrás del caballero de los mares (5)


En el año 1853 quien luego sería el Almirante Grau estaría dejando la marina civil para convertirse en marino militar.  Esto casualmente coincide con que su padre, el veterano de guerra Juan Manuel Grau y Berrío, recibiera ciertos reconocimientos del Estado Peruano.  No olvidemos que se trataba no solamente de un militar extranjero que había llegado al Perú a ayudar durante su proceso de independencia, sino también un experto estratega en el arte de eliminar zombies usados como infantería por el enemigo, un arte que el mismo José de San Martín había cultivado.  Como veremos, este detalle tiene un componente político que no debería pasar desapercibido.

El Estado había decidido otorgar a los veteranos como Grau y Berrío una pensión de gracia de por vida de cuarenta pesos mensuales.  En la resolución que se emite con respecto al padre de Miguel Grau se le describe como un “viejo soldado de la independencia americana”.

Para entender el trasfondo de esa frase y del contexto es necesario remontarse a la figura de Ramón Castilla y Marquesado, a quien se le conoce por su carrera militar, por dedicarse a organizar el país y por su extensa preocupación por la prevención de males como el del zombismo.  De hecho, si no hubiese sido por las medidas que aplicó Castilla para preparar a la población peruana de la amenaza de los muertos vivientes, la crisis de Arequipa del 1856 habría un desastre aún mayor.

Como recordaremos, Ramón Castilla fue presidente en cuatro ocasiones.  Para cuando el padre de Miguel Grau fue reconocido -parte de las medidas que aplicó para hacer frente a la amenaza de ataques de muertos vivientes: reconocer a los héroes con los que contaba el Perú en la lucha contra los que él llamaba cadáveres andantes- él no estaba gobernando (había dejado el puesto en 1851), pero sus reformas todavía estaban en proceso de ser aplicadas.  Quien estaba de presidente era José Rufino Echenique, quien era seguidor de Castilla.  Durante el mandato de Echenique (1851-1855) se continuó con varias de las reformas que había dejado corriendo Castilla y que luego retomaría él mismo cuando fuese elegido democráticamente presidente nuevamente en 1858.

El mismo Ramón Castilla nunca había tenido la mala suerte
de enfrentarse a zombies, sino hasta la ocasión de 1856 en
Arequipa.  No obstante, esto no había evitado que se preocupe
por que la población en situación más vulnerable no estuviese
preparada para los casos de brote del mal del zombismo.

Los gobernantes previos a Castilla habían tenido serios problemas para convencer a varios de los peruanos influyentes que quedaban de la época previa a la independencia de que dejaran de usar zombies como mano de obra barata (una práctica típica de los españoles en las colonias).  Como recordaremos, éste fue el detalle decisivo por el cual Bolívar y San Martín no pudieron colaborar.  De hecho, siendo la visión anti-zombie de Bolívar la que se impuso, la política oficial de la joven nación peruana era la de evitar el uso de muertos vivientes para labores simples civiles o militares.

Como parte de los cambios que impuso Castilla para afrontar éste y otros conflictos, se decidió abolir la esclavitud.  Y es que había una relación perversa entre la tenencia de esclavos y el uso de zombies en el campo.  Esto fue en el año 1854.

Para cuando Miguel Grau decide enlistarse en la Marina Militar a los 19 años de edad como guardiamarina, Castilla y luego Echenique habían estado aplicando esfuerzos para reforzar la escuadra.  La política de Castilla se resumía en la siguiente conocida frase: “si Chile construye un barco, Perú debe construir dos”.  Y es que para entonces, el país referente en el uso eficiente y supuestamente seguro de zombies como mano de obra para diversas obras era precisamente Chile.  No olvidemos que el recuerdo del desastre de Panamá de 1831 comenzaba a ser un recuerdo vago.  A Castilla le interesaba demostrar que la sociedad de los hombres vivos no necesitaba del apoyo de muertos en vida para progresar.  Y que si Chile construía un barco (usando zombies), nosotros podíamos en el mismo tiempo construir dos (usando humanos vivos).  Ése es el verdadero origen de esa frase y no extrañas interpretaciones chauvinistas que se le dio luego..

Miguel Grau serviría primero a bordo del Rímac.  Luego, en octubre de 1854 pasa a servir a bordo del pailebot Vigilante, donde estuvo por 10 meses.  Durante ese periodo se dio un extraño episodio que pondría a prueba las creencias del joven marino.

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La verdad detrás del caballero de los mares (4)


No mucha gente sabe que la verdadera preparación que recibió quien luego sería conocido como el Almirante Grau no la recibió en el Perú, sino en el extranjero.

Como ya comentamos en un post anterior, el padre de Miguel Grau había querido continuar la tradición militar, queriendo que su hijo se enrole en el ejército.  No obstante, la verdadera pasión de su hijo era el mar.  Y es que la familia vivía en Paita, la cual se veía bastante influenciada por la principal actividad económica relacionada al puerto y a los buques que llegaban de distintas partes del Perú y del mundo.  No fue sorpresa, entonces, cuando el joven Miguel Grau insistió en que lo dejaran ir en una ruta marítima, la cual resultó un desastre, debido a un marinero panameño infectado del virus del zombismo.

Esto fue en 1843 y no desalentó al joven Miguel Grau de querer dedicarse a la vida naval.  Al año siguiente consigue nuevamente que le den permiso para otra vez embarcarse en un navío mercante.  Este viaje no tiene un resultado desastroso como el anterior y afianza la vocación del muchacho.  A partir de entonces se embarcaría en cuanto navío mercante podría, iniciando una larga carrera y viajando a distintos y exóticos destintos, pero siempre retornando a Paita para pasar tiempo con su familia.

Las maravillas de esas tierras lejanas le hace olvidar por completo el accidente que vivió en su primer viaje.  Mucho se ha especulado acerca de por qué luego se mostraría sorprendido al interactuar nuevamente con zombies.  Algunos dicen que se debe a que esa primera experiencia en el mar fue tan traumática que fue bloqueada por su subconsciente.  Otros aseguran que Grau podría haber pertenecido a alguna especie de culto secreto que lo obligó a actuar como si no supiera que existen los muertos vivientes.

El caso es que en esos años posteriores a 1844 comienza a conocer gente de otros países y otras culturas que ayudaría a prepararlo para los terribles desafíos que tendría luego.  Es más, pudo recorrer rutas que recién se estaban abriendo a marineros occidentales, como por ejemplo algunas islas en Oceanía.  Por recomendación de su padre documentó todos sus viajes.  Algunos de esos registros han sobrevivido hasta hoy en día.  Otros se dice estar ocultos en bibliotecas privadas, como la que del Instituto OroTech.

En todo caso, se sabe que durante esos viajes aprendió mucho acerca de la navegación.  De hecho, en el proceso Grau asistió a una academia en Inglaterra, en donde se graduó de oficial de la marina mercante.

La academia a la que asistió el joven Miguel Grau durante su estadía
en Inglaterra estaba en el tradicional barrio de Fetter Lane.

Nuevamente es importante entender el contexto.  Para cuando Grau se establece en Inglaterra, el HMS Beagle ya había regresado de su largo viaje.  Me refiero, por supuesto, a la travesía que haría Charles Darwin y que consolidaría su prestigio como eminente geólogo y explorador.  Para entonces la teoría de la selección natural estaría comenzando a causar un considerable impacto en la comunidad científica.

Como todos sabemos, algo que no logró incorporar nunca Darwin a su propuesta científica es cómo pueden existir los zombies y si esto responde a un proceso evolutivo.  Claro, él fue un pionero en su época, pero no solamente nunca pudo incorporar al mal que hace que los muertos vivientes se levanten y quieran comer carne de los vivos, sino que además desechó cualquier evidencia de su existencia como mito.  Por alguna extraña razón, asegura que durante sus años de viajes en el HSM Beagle, nunca vio uno, lo cual es altamente improbable.

Se especula que Darwin nunca pudo encontrar una explicación que pueda conciliar la existencia de los zombies con su naciente teoría.  Por eso prefirió negar la amenaza z.  Otros dicen que Darwin tenía motivos más oscuros para aprovechar su reciente celebridad y prestigio para fomentar la idea de que no hay zombies.  Aunque esto quedará para siempre como especulación, pues no hay registros que apoyen una u otra posible explicación.

Casualmente, se dice que la sede central del Instituto OroTech en Londres cuenta con un manuscrito con ilustraciones originales de Darwin, en el que intenta hacer un estudio con varios especímenes que había capturado durante su viaje.  Coincidentemente, el Instituto OroTech se habría fundado pocos años después.  Y el que su actual representante en el Perú lleve el mismo apellido por supuesto que solamente se puede atribuir a otra coincidencia.

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La verdad detrás del caballero de los mares (3)


Como ya hemos visto, el joven Miguel Grau tuvo una infancia bastante particular.  Por un lado, su padre había sido un militar que había visto de primera mano los horrores del uso de los muertos vivientes como arma bélica y por el otro la vida en Paita lo empujaba a interesarse por la actividad naval.  No obstante, el desastre que había sucedido pocos años atrás en Panamá con el intento del uso de zombies como mano de obra había llevado a que los marineros que venían en buques que paraban en Paita y que tenían como origen ese país no hablaran de otra cosa.

Por supuesto que para un joven tan brillante y crítico como el pequeño Miguel Grau, todas éstas eran meras historias.  Él no le dio mucha importancia y las archivó mentalmente como una de las muchas supersticiones propias de la zona.

Todo eso cambiaría en 1843.

El pequeño Miguel Grau había estado yendo al colegio, pero era claro que su verdadera pasión era el mar.  Su padre había tratado de orientarlo a la actividad militar de tierra.  Añoraba que su hijo sea un oficial de infantería, dirigiendo tropas en batallas como él lo había hecho.  Pero al brillante joven no le interesa mucho eso.  No obstante, esto no es en vano.  La educación que recibe de su padre ayuda a desarrollar su caracter.  Para el año 1843, su familia ya estaba cansada de escuchar los ruegos del joven Miguel Grau para que lo dejen ir en una embarcación para comenzar a tener la experiencia que luego lo llevaría a ser un capitán de navío.

El padre, Juan Manuel Grau y Berrío, tenía un importante cargo en la aduana de Paita, por lo que no le fue muy difícil conseguir que un bergantín de la marina civil dedicado al comercio entre Paita y otros puertos del litoral peruano tome a su hijo. El capitán, Manuel Francisco Herrera, lo acogió y le comenzó a enseñar los pormenores de comandar una embarcación de ese tipo.  Miguel Grau tenía nueve años y no dudó en dejar atrás a sus padres y a sus tres hermanos (Enrique, Dolores y Ana) para tener su primera experiencia mar adentro.

Un marinero había servido hacía poco en una embarcación que había llegado hasta Panamá.  Actualmente no se tienen registros de esta persona, pero se sabe que no era muy comunicativo y se cree que debió haber llegado ya infectado, porque hay registros de tripulantes cayendo enfermos durante los siguientes días.  El bergantín estaba en plena travesía cuando el primero se transformó.

El joven Miguel Grau no tiene muchos recuerdos de lo que pasó a continuación.  Lamentablemente la bitácora del capitán también se ha perdido para siempre en el fondo del mar.  Pero hay declaraciones de distintos sobrevivientes que permiten reconstruir parcialmente lo sucedido.

El capitán Manuel Francisco Herrera también consideraba que los rumores de cadáveres levantándose para alimentarse de la carne de los vivos eran meras supersticiones.  Por eso cuando tres tripulantes -entre los cuales se encontraba el mencionado de Panamá- fueron reportados como decesos, él no pensó en deshacerse de los cuerpos o en quemarlos, sino que los guardó para entregarlos a sus familiares en cuanto regresaran a Paita.  Ése fue su primer error.

El bergantín en el que Miguel Grau pasaría su primera
aventura en el mar sería lo único de lo que hablaría
cuando regresase a Paita.  No debería sorprender, entonces,
que años luego en su clase de arte, cuando se le pida
ilustrar un aspecto de la vida de Paita, éste hiciera lo posible
por reproducir ese navío.

No se sabe cuál de los tres habrá sido el primero en levantarse, pero no tardó en atacar a otros marineros.  Para cuando fue detenido con un golpe de una lampa a la cabeza, ya había infectado a cinco tripulantes.  Por la gravedad de las heridas, estos no tardaron en transformarse.  Para cuando esa noche llegó, la mitad de la tripulación estaba luchando una horda de zombies tratando de comérselos vivos.

La lucha fue brutal.  El capitán prefirió suicidarse de una bala a la cabeza luego de ser moridod a transformarse en uno de esos seres hambrientos.  Para cuando la mañana llegó, sólo quedaban vivos un puñado de marineros y cuatro de los menores de edad, entre los cuales se encontraba el joven Miguel Grau.  Como se solía hacer en esos casos, se habían parapetado en el puente.  No obstante, se había perdido el control del bergantín por una avería en los mecanismos.  Fue por eso que no se pudo evitar que el navío se estrellara contra un arrecife junto a la isla de Santa Clara, en lo que hoy en Ecuador.  Esta maniobra constituye una alternativa estándar de la marina mercante: Si una embarcación se encuentra dominada por zombies y se ha perdido el control completamente, se debe estrellar ésta contra tierra sólida.  Los muertos vivientes preferirán abandonar la embarcación en búsqueda de más carne viva y dejará a la tripulación con mayores posibilidades de sobrevivir.

Poco se sabe de los marineros que en esa ocasión salvaron la vida del joven Miguel Grau.  Por declaraciones de algunos de los que estuvieron ahí se puede saber que el que dirigió la resistencia era un local al que se referían como Pepucho.  Pero poco más se sabe de este heróico tripulante al que el Perú le debe tanto.  Si no hubiera sido por él y su experiencia en la defensa contra los cadáveres andantes, quien luego sería conocido como el Caballero de los Mares no habría sobrevivido su primera experiencia en el mar.

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La verdad detrás del caballero de los mares (2)


En un post anterior estuvimos comentando acerca del contexto en el cual Miguel Grau nació en el Perú y cómo indirectamente recibió influencia de la filosofía anti-zombie que caracterizó a Simón Bolivar.  Abordemos ahora la primera aproximación que tuvo el luego nombrado Caballero de los Mares a la actividad marítima.

Tengamos en cuenta que Paita, en donde creció Miguel Grau, dependía fuertemente de la actividad marítima civil. Después de todo, la mayoría de los navíos que participaban del comercio entre el Perú y Panamá tocaban su rada.  Éste será un detalle también crucial, por la tradición de prevención del virus del zombismo en ese país.

En ese entonces se sabía que el clima tropical era un ambiente en el que brotes de zombismo eran más frecuentes.  Esto había hecho que la población panameña estuviese más al tanto de la amenaza.  Panamá se había independizado de España hacía apenas dos décadas, un proceso en el que Simón Bolivar también había estado involucrado.  No es casualidad que la población panameña decidiera voluntariamente pertenecer a la República de Colombia, una decisión que es lamentada luego.  En 1831 el movimiento pro-zombie se impone en Panamá rechazando las leyes que en el Perú tampoco serían aceptadas por todos y logra que este país se separe, aprovechando el contexto histórico de ese momento.  El coronel Juan Eligio Alzuru ve entonces una oportunidad.  Apela al sentido nacionalista panameño y logra llevar a cabo la separación.  Lamentablemente, una vez en el poder Alzuru reveló sus verdaderas intenciones: Convertir a la ciudad de Panamá en la “primera ciudad liberada z”.  En su concepción, se trataba de imponer un régimen en el que se usara a los muertos vivientes abiertamente como mano de obra, bestias de carga, etc., lo que liberaba a otros de esos trabajos.

Juan Eligio Alzuru.  Combatió en los llanos venezolanos a favor de los realistas.
En Nueva Granada cae preso y se pone al servicio de fuerzas que terminan en
Lima luchando a favor de los patriotas.  Ahí cae preso de los realistas.  Con una
fuerte crisis de personalidad por el cambio constante de bandos, decide fugarse
y termina luchando por Sucre en la batalla de Pichincha.  Viaja a Panamá en 1830
para participar junto con antiguos compañeros de armas en movimientos
secesionistas.  Es posiblemente durante su etapa en Nueva Granada que desarrolla
su admiración por la cultura del aprovechamiento del muerto viviente a favor de la
población.

La población deja de apoyarlo por temor (ver cadáveres reanimados en descomposición haciendo labores del día a día fue una imagen demasiado impactante para muchos), pero Alzuru decide imponer su decisión para demostrar que no había nada a qué tenerle miedo.  Hay que entender a este personaje para comprender por qué hizo esto pensando que obraba por el bien mayor, pero creando las condiciones para una de las peores epidemias de zombismo que ha visto América Latina en su etapa republicana.  Alzuru era venezolano de nacimiento e ingresó a las milicias en 1813.  No tenía una sólida formación militar, lo que le impedía tener una verdadera visión estratégica.  No había sido entrenado para prever posibles problemas o complicaciones de sus decisiones.  Por eso quizás fue que no consideró que los muertos vivientes que traería a la ciudad de Panamá a operar un sistema de transporte de carga se escaparían e infectarían a inocentes que se transformarían e infectarían a más gente a su vez.

El resultado fue un desastre.  Las tropas que comandaba Alzuru no estaban preparadas para esa crisis. Fue necesaria la intervención del coronel Tomás Herrera, que con el apoyo del general José de Fábrega (fiel seguidor de Bolivar en su mentalidad anti-zombie), controló la situación.  Se pudo retomar la ciudad, salvando a algunos pobladores. Los inmensos daños y las pérdidas humanas no le dejaron otra alternativa a Herrera de apresar a Alzuru y posteriormente fusilarlo.

Este episodio llevó a que la población panameña desarrollara una fuerte preocupación por el tema.  Los comerciantes que salían de Panamá estaban mucho mejor instruídos y preparados para reconocer los síntomas del zombismo y para saber qué hacer en el caso de una epidemia de muertos vivientes.  Para cuando el joven Miguel Grau se comienza a relacionar con la actividad comercial marítima de Paita, los marineros panameños que llegaban en las embarcaciones solamente hablaban de eso.

No obstante, este proceso se vería interrumpido por la anarquía militar propia de la etapa republicana peruana.  El general Manuel Ignacio de Vivanco se sublevaría y marcharía sobre Lima cuando Miguel Grau tiene apenas nueve años.  Sucesos relacionados a esta revuelta tendrían un profundo impacto en su vida.

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¿Y dónde está el cadáver de Bolívar? 3ra. Parte


PREVIOUSLY ON VALHALLA: Engañado por el Oro Tech Institute, Hugo Chávez procedió a la exhumación del cadáver de Bolívar, conocido por su inmunidad al virus del zombismo. Lo que Chávez nunca supo es que Oro Tech se quedó con el cuerpo del Libertador y dejó en su lugar otros restos humanos anónimos.  La noticia ahora es que todos quienes participaron en la exhumación están muriendo, uno a uno.

Para los supersticiosos, no hay más explicación que la venganza del espíritu de Bolívar sobre quienes profanaron su tumba y, de hecho, desde hace un año ya hay quienes hablan de “La Maldición del Panteón“. Pero la realidad es otra, no relacionada con lo sobrenatural pero tanto o más macabra.

Chávez cuando aún creía que Oro Tech lo ayudaría a lograr sus metas, durante la exhumación de Bolívar. Poco sospechaba entonces que sería traicionado.

Como sabemos, el Oro Tech Institute tenía enorme interés en hacerse del secreto de la inmunidad zombie de Bolívar y, de hecho, luego de conseguir su cuerpo con la colaboración involuntaria de Hugo Chávez, se rumorea que pudieron clonarlo.

Ahora bien, ¿cómo pudo Oro Tech realizar la maniobra de cambio del cadáver sin ser descubierto? Obviamente sobornando a funcionarios en puestos clave. Lo que estos personajes menores nunca supieron es que Oro Tech no suele dejar cabos sueltos en estas lides.

Así, pocas semanas después del robo de los restos mortales, fallecieron en sucesión allegados a Chávez relacionados de una u otra manera con la exhumación. Aunque las causas de los decesos parecen ser naturales o accidentales a primera vista, todo indica que se trata de ejecuciones llevadas a cabo por agentes de Oro Tech, dispuestos a todo por hacer realidad su enfermizo plan de un apocalipsis zombie.

Por su parte, Chávez empezó a sospechar algo desde hace meses, cuando los consultores de Oro Tech que lo ayudarían a crear la utopía comunista perfecta de una sociedad en que todos fueses zombies hambrientos de carne humana sin distinción de rango o clase social simplemente lo abandonaron. Encolerizado por el tema, detuvo el financiamiento a todas las actividades de Oro Tech en Venezuela y amenazó con expulsarlos del país por traidores a la revolución.

Sin embargo, Chávez subestimó el alcance y recursos de Oro Tech y es así que no pudo evitar que el Instituto y su director, el maquiavélico Doctor Darwin, ya hubiesen captado para su causa a los sirvientes de la Casona de Gobierno desde julio de 2010. Es así, que luego de que cancerígenos químicos fuesen cuidadosamente añadidos a los alimentos de Chávez por meses, el otrora poderoso líder venezolano desarrollase un peligroso cáncer.

Hugo Chávez, víctima de las maquinaciones del Oro Tech Institute y su demencial proyecto de hegemonía zombie. Foto Reuters

Obviamente, Chávez no puede hacer público lo que sabe de Oro Tech, temeroso como está de peores represalias contra él si cuenta la verdad, además del escándalo que sería revelar que él apoyó un plan para zombificar a la mayor parte de la población de Venezuela con tal de asegurar el paraíso comunista que tanto anhela. Por ahora, Chávez se sigue recuperando, planeando su siguiente movimiento pero sin tener muy claro que los tentáculos de Oro Tech en Latinoamérica son más grandes de lo que cree y que los temibles planes del Instituto respecto a la plaga Z están cada vez más cerca de hacerse realidad.

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  • Mildemonios Says:

    Sergio: Son individuos que se mueren y regresan con hambre de carne humana. Qué? Nunca has visto uno...

  • sergioastocondor Says:

    No llego entender a que te refieres con "zombies" o "muertos vivientes"...

  • Mildemonios Says:

    Leandro: En eso te fijas? El contenido del post es de crucial importancia no solamente para el país,...

  • leandro Says:

    GRINGO DEMOSTRANDO POSE DE IPOCRESÍA ACERCÁNDOSE A LOS POBRES PARA ENGAÑAR AL PUEBLO PERUANO, ¿DE CU...

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    Daveklux, ¿tienes alguna prueba de ello? Lo que la Iniciativa Valhalla publica está...

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    Lo que no has mencionado hasta ahora es que el primer zombie viajo en el tiempo desde el año 2018 ha...

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